5 de enero de 2013

Poema


Ser sanjosefana

Es sentir el aroma de hierba y arroz en el ambiente
Es escuchar a lo lejos el murmurar de las máquinas sobre la tierra
Es contemplar un pedazo de cielo oscuro y estrellado

Ser sanjosefana…
Es reconocer con el olfato a su pueblo
Es mirar largo y perderse en la naturaleza
Es ver aparecer la luna más grande y amarilla detrás de un árbol

Ser sanjosefana…
Es ser de un terruño como cualquiera y como ninguno
Es tener memoria histórica y saber que la valentía y la dignidad nos pertenecen
Es crecer dentro del pueblo y corresponderle

Sin embargo y a pesar de todo, ser sanjosefana…
También es sentir dolor por su postergación y lenta agonía
Y es cuando mi ser sanjosefano me incita a luchar
y también a la rebeldía.

Por: Eliana C. Pérez Barrenechea.



SAN JOSÉ: REFLEXIONES CIUDADANAS


A propósito del aniversario de creación política de mi distrito

Celebrar un aniversario más de creación política nos debe invitar a preguntarnos sobre la razón de nuestro distrito, de nuestro pueblo, interrogarnos también sobre su horizonte, hacia dónde vamos o hacia dónde lo llevamos.

He vivido más de la mitad de mi vida en San José, 16 años, que tal vez no suene mucho pero han sido significativos y determinantes. Tuve que salir porque si se trata de ser un profesional, las oportunidades ahí no las encuentras. Entonces la vida te arroja a alguna ciudad cercana, o no tanto, tal vez a un país distante como fuerza de trabajo sin calificación y por ende con un salario que te obliga a ser austero si quieres recompensar el sacrificio de alejarte de los tuyos.

A mí no me tocó un distanciamiento mayor, menos definitivo. Los vínculos con el terruño – como suelo llamarlo – son muchos, y en realidad sigo siendo parte de él. Reconozco que el mayor vínculo debe ser el de  correspondencia. No puedo decir que San José me haya dado las opciones que necesitaba para desarrollarme académica y profesionalmente, pero sí me ha enseñado – cuando ni siquiera  lo comprendía – el pluralismo, la diversidad, la constancia y la vida sencilla.

Elementos que han ido moldeando mi consciencia política y mi posición crítica frente a la vida y el estado de cosas, que me permiten ahora examinar la situación de este pueblo mío, que ahora cumple 156 años de creación política.

Los pueblos no desarrollan en la misma velocidad  que su edad cronológica. 156 años supondría contar con un distrito políticamente maduro, socialmente  estable, económicamente sólido.

Sin embargo, por diversas causas, entre ellas la marginación, la desidia, la desorganización social, la falta de consciencia crítica, la corrupción, la dependencia y la ignorancia; San José se encuentra en una situación que es cada vez más  preocupante y que nos debería ocupar mucho más.

La descomposición social – que aprisiona a muchos pueblos – se refleja en el elevado consumo de alcohol, en la incorporación a actos delictivos de jóvenes y adolescentes, el micro-comercio de droga y su consumo; es un escenario que no quisiéramos tener en el distrito, pero que está presente y no debemos evadir.

Como ciudadanas/os nos corresponde una cuota de responsabilidad por la situación en la que San José se encuentra, debemos  asumir el compromiso de aportar con el desarrollo del distrito y de su gente, devolver con trabajo y con ideas, los años de cobijo.

Es responsabilidad también de las autoridades locales, regionales, nacionales, sectoriales, hacer un trabajo eficiente y proveer mayor inversión pública que redunde en un desarrollo integral, que priorice el desarrollo humano, especialmente de niños/as y adolescentes, que promueva oportunidades de estudio y trabajo, que fortalezca la vocación productiva  del distrito y garantice calidad de vida a su población.

Las potencialidades están en nuestro propio seno, las personas, la tierra generosa, el paisaje, la historia, la tradición, el futuro. Es momento de reconocernos parte de una ciudadanía activa, heredera de un territorio sorprendente, ser parte de la construcción comunitaria de un distrito más justo, más solidario, más libre.

Mi compromiso personal es fehaciente, invoquemos el compromiso social de todos y todas, pongamos a disposición nuestras capacidades, talentos y posibilidades. 

Que los años de vida de nuestro distrito se noten en nuestras calles, en nuestras familias, en nuestras instituciones y en nuestra gente.

17 de diciembre de 2012

Navidad, tiempo para llamar a la indignación y a la acción

A propósito de la Navidad, comparto la carta de Miguel Ángel Remírez Oses, un amigo consecuente, solidario y luchador.


Davao, 10 de diciembre de 2012

Queridos/as hermanos/os y amigos/as:

Desde Davao, Filipinas, un saludo cariñoso para todos con ocasión de la cercana Navidad. Teniendo en cuenta la situación de incertidumbre, inseguridad e incluso hambre por la que están pasando decenas de miles de familias en España… y teniendo delante la desolación que el pasado día 4 de diciembre dejó el tifón Pablo a su paso por las provincia de la región Davao: los muertos pueden ascender a mil; los sin casa, miles de familias, y los daños materiales, sin cuento… Teniendo todo ello en cuenta, no sé si es tiempo para desear felicidad o para llamar a la indignación.

¿Por qué llamar a la indignación? ¿Indignarse ante una crisis económica?, ¿indignarse ante un fenómeno de la naturaleza?... Las cosas no ocurren porque sí, porque tienen que ocurrir. Hay causas y hay culpables. Todos sabemos que la profunda crisis económica por la que está pasando España y otros países europeos tiene su origen, en gran parte, en la avaricia y el desmedido afán de acumulación de riquezas de unos pocos y en la corrupción y el desgobierno de muchos. Con razón, las masas están indignadas… Los tifones no los programa nadie; son fenómenos de la naturaleza, a veces impredecibles. Pero cuando después de la catástrofe uno escucha que en las zonas más afectadas se ha practicado la tala ilegal y/o indiscriminada de árboles y la minería ilegal que dejan las laderas de los motes desnudas por donde luego desciende la muerte en forma de agua, lodo y piedras… esto nos indigna.

¿Qué haría ese Jesús cuyo nacimiento celebramos en la Navidad? ¿Qué diría ese Jesús que gritaba por los caminos y calles de Galilea que “El sufrimiento de los inocentes debe ser tomado en serio”? El anunciaba y hacía “buenas noticias”, pero se indignaba cuando se oprimía al pobre, se excluía al que puede menos o se despreciaba la vida. Jesús viene a despertarnos de nuestro letargo e indiferencia y a animar nuestra indignación contra todo tipo de injusticia.

Pero ese mismo Jesús que fue un luchador contra la indiferencia y el escepticismo nos trae también esperanza. Su indignación, como dice J.A. Pagola, “se convierte en imaginación creativa y en gestos de bondad. Da gestos de aliento porque cree en un Dios Amigo de la Vida”. El nos grita también que algo se puede cambiar. Decir que la situación no tiene salida, es falso. Esta situación de injusticia y de dolor no es lo que Dios quiere. Podemos hacer un mundo más humano si somos más solidarios.

Ese mismo Jesús que celebramos en la Navidad nos dio ejemplo de solidaridad y sembró la semilla de la fraternidad universal. El testimonio de su vida tiene una fuerza inmensa y, después de dos mil años, su ejemplo sigue animando la marcha de millones de personas solidarias.

¿Cuál va a ser tu gesto de solidaridad en esta Navidad? Nuestra pequeña comunidad de Acción Solidaria de Davao ha decidido hacer un esfuerzo especial para ayudar a parientes (varias familias) de uno de nuestros aspirantes (Denis) a quienes el tifón Pablo dejó en la calle sin casa y sin pertenencias.

Que vuestra indignación os lleve a la solidaridad… A todos os deseo una Navidad muy solidaria, con JESÚS, EL HOMBRE MÁS SOLIDARIO QUE JAMÁS EXISTIÓ.

Miguel Ángel Remírez.

24 de noviembre de 2012

Buscando respuestas


Dime
A qué sabe la subordinación
De qué color es la humillación
Cómo duele la agresión.

Dime
Cómo se responde un insulto
Cómo se enfrenta el temor
Qué se hace ante una prohibición.

Dime
Cuántas caras tiene la violencia
Quién es su embajador
Cuánto desgarra el corazón.

Dime
Dónde has dejado la fortaleza
En qué etapa se extravió
Quién pudo ser el que se la apropió.

Dime Mujer
Por qué tolerar más dolor
¡Levántate!
Y haz de tu bandera la rebelión. 

Eliana Pérez Barrenechea.
A propósito del 25 de noviembre,
día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.

1 de noviembre de 2012

La comunicación y su relación con el desarrollo


La relación entre comunicación y desarrollo se fundamenta en una premisa elemental: la comunicación es dimensión básica de las relaciones humanas y socioculturales y toda acción de desarrollo se sitúa en estas relaciones subjetivas, objetivas y complejas. La comunicación es necesaria para  la articulación de actores sociales que protagonizan los procesos de desarrollo.


Al decir de Alfaro (2006:79), se trata de “una comunicación viva que compromete los imaginarios y deseos de la gente en la línea de resolver sus problemas, alimentar esperanzas o sueños, generar cambios sostenibles y salir adelante, siendo protagonistas de la ruta emprendida”. Si bien estas reflexiones nos ofrecen con claridad la vinculación entre comunicación y desarrollo, tal situación requiere un análisis amplio que atienda la complejidad de esta relación, la misma que no ha sido suficiente para explicar estos procesos que por añadidura son dinámicos y cambiantes.

Comunicación y Desarrollo son dos conceptos con su propio contenido teórico que en el campo de la práctica primero, y de las ciencias sociales luego, se han ido articulando, produciendo un nivel de complejidad que ha merecido un abordaje específico en algunas cátedras universitarias y en instituciones comprometidas con acciones de cambio social.

Existe un debate teórico sobre la naturaleza de la comunicación y la definición de su campo. Del mismo modo, “la noción de desarrollo estuvo siempre en crisis, provista de reduccionismos o en proceso de modificación” (Alfaro;2006:19), es así que la reflexión sobre desarrollo se encuentra en una re-construcción permanente, según la dinámica histórico-social y las distintas posiciones teóricas e ideológicas con las que se aborda, cada una de las cuales ha elaborado sus propias propuestas y enfoques de desarrollo.  

Siendo así que la comunicación y el desarrollo suponen campos de estudio particulares y pragmáticas de acción específicas, su convergencia en el plano de las ideas, las concepciones y la praxis de intervención, han hecho necesario un esfuerzo integrador en el devenir de las ciencias sociales, dando lugar a trabajos interdisciplinarios a los que la comunicación se acerca tímidamente aún.

Las reflexiones teóricas recientes sobre comunicación para el desarrollo la han rescatado de la reducción instrumentalista y han permitido que la entendamos como un proceso de diálogo privado y público, a través del cual las personas deciden quiénes son, qué quieren y cómo pueden obtenerlo. En suma, facilita que las personas vayan asumiendo protagonismo activo y consciente de los procesos de su comunidad y sean dueñas de su propio discurso personal y social.

En el Congreso Mundial de Comunicación para el Desarrollo, realizado en Roma en el 2006, se le definió como un proceso social basado en el diálogo usando un amplio abanico de instrumentos y de métodos. Requiere de la búsqueda de un cambio a diferentes niveles que incluya la escucha, la construcción de la confianza, compartir el conocimiento y las habilidades, la construcción de políticas, el debate y el aprendizaje a favor de cambios importantes y significativos.

A pesar de estas definiciones, consideramos que la comunicación para el desarrollo es una categoría en constante revisión; coincidiendo con Cristian Ozaeta, quien la considera como un constructo actual y permanente (Gularte y otros; 2008: 50).

Su definición se hace más compleja cuando nos preguntamos: ¿si es comunicación para el desarrollo, para qué desarrollo se implementa?, ¿qué modelo de desarrollo busca?, ¿qué comunicación es necesaria?

Las respuestas a estas interrogantes  pueden ser distintas, de acuerdo al enfoque de desarrollo en el que se enmarcan las propuestas de comunicación. Por esta razón, a pesar de sostener el término de comunicación para el desarrollo, convertido en categoría, la consideramos como una comunicación para la transformación social. Es decir, no subordinada a un enfoque de desarrollo impuesto, sino como constructora de procesos endógenos – desde la concepción e intereses de las comunidades – hacia la generación de cambios significativos en las estructuras sociales y en las estructuras subjetivas de las personas.

Por ello, la comunicación para el desarrollo requiere no sólo una práctica metodológica, sino -ante todo- la capacidad de poner en debate las concepciones y enfoques predominantes del desarrollo, observar con rigurosidad analítica lo que hasta ahora se ha realizado, lo que se ha logrado y lo que ha resultado un fracaso; tratando de explicar los sentidos de estas intervenciones.

No se trata de acoplarnos a la renovada hegemonía del desarrollo, impulsada por organismos financieros internacionales, sino de trabajar en las posibilidades de la comunicación para la promoción de la liberación personal y de la transformación social.

Finalmente, considero que la comunicación para el desarrollo en nuestros países del sur, debe ser reconstruida permanentemente por nuevas teorías, por propuestas más propias, congruentes con nuestras realidades y con las experiencias que vayamos desarrollando. Le es necesario también una dosis de doctrina disciplinar, no para sesgar los aportes que desde la investigación científica logre ni para retroceder a  purismos disciplinares, sino, para estimular su estudio y práctica, guiándola por principios de justicia, humanización, respeto, auto-determinación, equidad y liberación.

Referencias bibliográficas:
Alfaro, Rosa María. (2006). Otra brújula. Innovaciones en comunicación y desarrollo. Ed. Calandria. Perú.
Gularte, Eduardo y otros. (2008). Otra comunicación para otro desarrollo. Ed. Centro de Comunicación para el Desarrollo. Guatemala.

13 de septiembre de 2012

Más allá de la violencia doméstica


¿Cómo entender la situación de subordinación de muchas mujeres? Una lectura integral de este problema nos conduce a un análisis que va más allá de los indicadores de violencia física.

Hablar de violencia de género, demanda hablar de poder y de las relaciones inequitativas que del ejercicio de éste hacen los varones en relación a las mujeres. 

Luis Bonino, sustentado a su vez en el análisis del sociólogo francés Foucault, señala dos acepciones popularmente utilizadas: El poder autoafirmativo, por el cual se tiene la capacidad de hacer, el poder personal de existir, decidir y autoafirmarse, y que requiere para su ejercicio de legitimidad social; y, el poder de dominio, que da capacidad y posibilidad de control y dominio sobre la vida o los hechos de los otros (y las otras), básicamente para lograr obediencia y lo de ella derivada. En este segundo tipo de poder, que es el de quien ejerce la autoridad, se usa la tenencia de los recursos para obligar a interacciones no recíprocas, y el control puede ejercerse sobre cualquier aspecto de la autonomía de la persona a la que se busca subordinar (pensamiento, sexualidad, economía, capacidad decisoria, etc.).

En sociedades androcéntricas como la nuestra, estas manifestaciones de poder son ejercidas por los varones sobre las mujeres, siendo aprendidas por generaciones y produciendo relaciones desiguales entre géneros, y por ende una situación de subordinación de ellas.

Estas relaciones inequitativas, que han ido ubicando a los varones en el ámbito público (participación política, trabajo remunerado, prestigio social) y a las mujeres en el ámbito privado (rol reproductivo, exclusión del recurso económico, menor valoración social), obedecen a múltiples factores ideológicos, económicos y políticos, históricamente configurados. Precisamente, una de las formas más evidentes de esta asimetría de poder, es la división sexual del trabajo, más presente en países dependientes, que excluye a las mujeres de la actividad económica en la vida social, poniéndolas en desventaja y vulnerables.

Es oportuno reconocer todas estas asimetrías tanto en el ámbito familiar como en la vida social, para enfrentarlas con propuestas visibles y efectivas en ambos planos.

Como se ha señalado, hablar de violencia contra las mujeres, es un tema complejo y definitivamente no es sólo un tema de violencia física, también se trata de otras formas invisibilizadas de violencia que se producen tanto en las relaciones de pareja como en las relaciones sociales, principalmente del trabajo y la educación.

No podríamos abordar en un breve artículo todas las implicancias que esta situación engloba: aspectos socio-históricos, culturales, económicos hasta aquellos elementos simbólicos y de orden subjetivo. Simplemente pretendo llamar la atención de mujeres y varones, de movimientos y partidos políticos, de organizaciones no gubernamentales, de la sociedad civil. Tenemos una agenda pendiente, contribuir a dar un paso más delante de los alcances normativos (en los que sí ha habido avances) a los espacios de la cotidianidad y del ámbito privado. Y claro, las autoridades y el cuerpo institucional – en todos los niveles – tienen la responsabilidad ineludible y penosamente  no asumida con efectividad de generar condiciones de justicia y mayores oportunidades para las mujeres de nuestro país. 

3 de julio de 2012

Comunicación en ONGD, una revisión a la formativa y aplicación de la Comunicación para el desarrollo


La práctica de comunicación en las ONGD si bien ha avanzado de la difusión de actividades a través de los medios informativos, aún está lejos de promover perfiles dialógicos y propuestas de una comunicación para el desarrollo madura, atenta a los procesos culturales, socioeconómicos, políticos y a las condiciones subjetivas del ser humano, partícipe central  de las iniciativas de desarrollo.

Tal situación es perfectamente entendible, puesto que es consecuencia del abordaje operario de la formación de comunicadores/as y del acercamiento instrumental que desde sus inicios  ha tenido la comunicación a las propuestas de desarrollo.  

Ya lo revela Rosa María Alfaro, en su libro Otra brújula: “Para muchos la comunicación resulta ser una confluencia de habilidades y experticias más prácticas, como la publicidad, el periodismo, la producción de programas y campañas de marketing, etc., cuyos sustentos teóricos ingresan muy débilmente, en algunos casos son casi inexistentes (…) Los acercamientos (entre comunicación y desarrollo) desde un inicio fueron completamente desiguales porque el desarrollo fue pensado como políticas de transformación social, frente a una realidad reconocida como desigual y la comunicación, definida como herramienta de acción definiéndose así un lastimoso ingreso instrumental. Es decir si bien en el primer caso se da un anclaje disciplinario, en el segundo su aparición es sólo metodológicamente útil. De allí que el principal perfil profesional exigido a la comunicación era y aún es el del productor de medios y materiales o el organizadores de campañas publicitarias” (Rosa María Alfaro; 2006: 18).

El reto es avanzar hacia la ruta de una comunicación no instrumental sino como disciplina social clave para el perfilamiento de políticas de desarrollo y para los objetivos de transformación social. Éste es un camino – en el decir de Rosa María Alfaro – de incertidumbres, que debemos recorrer, recogiendo los aprendizajes y las teorías más frescas y avanzadas en materia de comunicación y desarrollo, para seguir aportando como comunicadoras/es, desde una perspectiva disciplinar, a la transformación social.

Este esfuerzo debe corresponder en general a todos los desempeños de comunicadores/as, y contrastar la actual  actuación prioritariamente operativa que se impone en la región, debido a la orientación ‘tecnicista’ que predomina en la formación universitaria de comunicaciones, pareciendo ésta una extensión de la formación operativa que antecedió la enseñanza como disciplina social en las universidades. En otros términos, la re-edición de viejos nudos conceptuales, técnicos u operacionales, legitimados con “nuevas vestiduras universitarias”, expresa el pensamiento y la práctica comunicacional en vinculación con antiguas consideraciones y entendimientos.

Frente a estas condiciones, deberíamos preguntarnos: ¿qué tipo de formulaciones y propuestas en comunicación se deberían producir, de tal manera que las diferencias sociales que se observan no se profundicen?, ¿qué tipo de formulaciones y propuestas en comunicación se deberían producir, de tal manera que las diferencias que se observan pudieran superarse?

Esta reflexión debe ser una preocupación constante en las escuelas de Ciencias de la comunicación. Ante estas inquietudes, considero que los comunicadores/as, especialmente los que nos desempeñamos en el ámbito de la promoción social y las mediaciones sociales, debemos estar preparados/as para:

·  Contribuir al enriquecimiento teórico de nuestra disciplina y a la legitimación de su campo.
·  Investigar y comprender la realidad social en la que se interviene y su ligazón con procesos sociales mayores (regionales, nacionales, globales).
·  Entender los aportes teóricos de las ciencias que constituyen las fuentes de la comunicación y manejar las principales categorías sociales.
·  Comprender el mundo objetivo y el subjetivo.
·  Movilizar voluntades y acciones que generen cambios sostenibles y promuevan nuevas relaciones sociales.
·  Responder a las demandas sociales y a las expectativas de servicio profesional.
·  Organizar y conducir iniciativas de servicios de comunicación.

Sobre esta base epistémico-filosófica hay que interrogarse respecto al perfil formativo en la especialidad que se licencia en la membrecía de ciencias de la comunicación desde la Universidad, cuando - paradójicamente - la reflexión y las exigencias de formación científica están distantes respecto a las condiciones actuales que parecieran atender las nociones básicas de “alfabetización” en la materia o retrocediendo a las primeras olas en la formación de nuestra profesión. La comunicación, como disciplina científica y como formación universitaria, debe responder a las necesidades de nuestro ámbito local y regional, con la finalidad de contribuir al desarrollo social y al proceso de humanización que cada vez se torna más urgente.

Según lo expuesto, consideramos que la formación en Comunicación para el desarrollo debe sustentarse en la reflexión y análisis de teorías del desarrollo, teorías comunicacionales y de la compleja dinámica social en el actual proceso de globalización que lo re-configura todo. Se deben proponer materias y desarrollar capacidades que respondan a los retos que la sociedad actual nos plantea a las y los comunicadores, sin caer en la adopción dogmática o en la transcripción acrítica de enfoques de  comunicación para el desarrollo ajenos y foráneos.

- Rosa María Alfaro. Otra brújula. Innovaciones en comunicación y desarrollo. Ed. Calandria. Perú, 2006.